El katsuobushi es uno de los ingredientes fundacionales de la cocina japonesa: bonito (un pariente del atún) que se cuece, se ahúma, se seca y se deja madurar hasta quedar convertido en un bloque duro como la madera. Ese bloque se cepilla con una herramienta llamada katsuobushi kezuriki y de ahí salen las escamas finísimas y translúcidas que llegan al plato. Hoy se comercializa ya en escamas, listo para usar.
Es, junto con el alga kombu, la mitad del dashi: el caldo base de la cocina japonesa. Se prepara por infusión —se apaga el fuego, se echan las escamas, se dejan unos minutos y se cuela—; el resultado es un fondo limpio, profundo y apenas ahumado, que después se convierte en sopa de miso, en base de fideos o en salsa para mojar tempura.
Otros usos: es el topping insignia del okonomiyaki y del takoyaki —al caer sobre el plato caliente, el vapor hace que las escamas se muevan, y esa “danza” es parte del ritual—, y también se espolvorea sobre tofu frío (hiyayakko), verduras hervidas y arroz.
Contiene pescado. Envase de 15 g. Conservar en lugar fresco y seco; una vez abierto, cerrar bien el envase para que las escamas no tomen humedad.
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